Mahide
 
   
 

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MARCELINO, IDEALISTA Y HUMANISTA CRISTIANO

Centenares de alistanos homenajean a su cura durante los últimos 50 años, comprometido con la tierra "hasta que el cuerpo aguante"

que llegó en el año 1967, formando la que se llegó a bautizar como "la comuna de curas de Mahíde" junto a otros compañeros como Carmelo, Clemente o el seminarista Fabri.


Ayer era un día de recuerdos y emociones para el cura Marcelino, el "idealista don Quijote" -como le bautizó Modesto Domínguez en una evocadora trayectoria- que lideró un movimiento de concienciación social "para modernizar las estructuras del trabajo y de la producción, y así mejorar las condiciones de vida de la gente del medio rural". A Marcelino Gutiérrez y otros compañeros se deben las cooperativas que promovieron "y donde trabajaban como un miembro más", la creación de una vaquería con una nave moderna o la "cabriada" que echaron para limpiar el monte. También los talleres de confección textil que dieron una oportunidad laboral a las mujeres y la consiguiente guardería para la que los curas prestaron su propia casa en Mahíde. También los campamentos de verano para los niños.

Curas como Marcelino convencidos de que "Aliste podría resurgir de su letargo". De esa creencia surgió la creación de un colegio rural, "donde pudieron formarse los jóvenes de los pueblos, para dotarse de conocimientos culturales y técnicas agrarias. Proyectos todos destinados a "dignificar la vida de las personas en el medio rural, suturar la herida sangrante de la incontenible emigración de la juventud y evitar la agonía lenta y dolorosa de los pueblos alistanos, para no tener que escribir, como ahora contamos, la "crónica de una muerte anunciada"" en palabras de Modesto Domínguez.

Pero el tiempo rompió la utopía; las cooperativas no prosperaron, el colegio fue languideciendo hasta cerrar sus puertas y Marcelino siguió en Aliste "sin desfallecer ante el desaliento", reparando tejados con sus propias manos y reformando iglesias que se derrumbaban mientras daba trabajo a peones de la tierra. La semilla sembrada por este sacerdote, el humanista cristiano, contribuyó a que los jóvenes alistanos abrieran su mente al mundo, "a sacudirnos los miedo y liberarnos de muchos tabúes y muchos complejos".


El agradecimiento se hacía patente ayer en Mahíde, donde gentes llegadas de Pobladura, Boya, Las Figueruelas, San Vitero, San Cristóbal... también de Zamora, acompañaron al sacerdote en un día largo e intenso. Comenzaba con el pasacalles de gaiteros hasta la iglesia de Mahíde donde, acompañado por el alcalde, descubrió una placa en la iglesia que inmortaliza el recuerdo perenne a Marcelino Gutiérrez Pascual.

Después, encabezando una procesión popular, se fueron hasta las eras de Mahíde donde la carpa se quedó pequeña para la celebración de una misa con participación sacerdotes alistanos y otros compañeros de Marcelino Gutiérrez en su larga andadura samaritana.

Tras una comida multitudinaria se presentó una exposición de fotografías y un vídeo en torno a los 50 del sacerdote. Se sucedieron los regalos de sus agradecidos feligreses y emocionantes testimonios en torno a la figura de el hombre y el religioso que tanta huella ha dejado a su paso.

¿Después de 50 años en esta tierra, con qué se queda? "Con Aliste" responde sin ambages este hombre de escasas palabras e incontables hechos. "Después de venir aquí sin conocer nada, he llegado a ver la sencillez de esta gente, cómo son capaces de afrontar los problemas y dar una solución. La gente de Aliste es sencilla, buena y tiene un corazón grande".
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20 de Agosto
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