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Entre
los jirones del cielo, un rayo de sol lame las peladas
laderas de la sierra. Y en el horizonte los brezales en
flor...
El
cereal plantado, ya joven, verdea los suaves perfiles
de la tierra. Arañazos de lluvia modelan los tesos.
La
Castilla húmeda incorpora a su magia de brumas y verdor,
los picos de las sierras.
El
latido de las estaciones arroja sobre nuestros campos
polvo de arco iris.
El
suelo bajo los robles se abriga con sus hojas caídas en
el otoño, el cual envuelve con voluptuoso carmesí y cálidos
amarillos el paisajes. Los frutos de esta época del año
invitan al pecado vegetal.
A
veces el paisaje puede provocar en el ánimo del viajero
una sensación profunda de eternidad, en la que hay un
perezosos y luchador río que ha ido tejiendo el futuro,
configurando su camino a dentelladas, cavando profundos
barrancos, todo bajo la mirada de especies protegidas.
El
viajero paseará bajo la distraída atención de un paisano
ajeno a las prisas de la vida moderna.
Las
sierras mantiene un turbante de nieve y nubes. La niebla
las enrolla.
El
reino animal es un rico patrimonio en nuestra tierra.
El
relieve, el paisaje y la variedad de vegetación son el
hospedaje para una fauna envidiable.
Paseando
por los bosques y caminos es posible asistir al teatro
de calle más espectacular y sorprendente. En el rincón
menos esperado un ser vivo representa su paso por la vida.
La
vida con plumas bulle entres las tierras en barbecho,
entre el cereal y también entre pinos, robles, castaños...
Las riberas se convierten en una sinfonía de cánticos
y piídos... Y
entre el trigo reclama la perdiz, y otras pesadas aves
levantan el vuelo...
El
lobo. Hace falta una eternidad para alcanzar tanta fuerza
y astucia. Junto a él el zorro, la garduña, la jineta...
LA
FLORA
El
aliso es el árbol autóctono, que crece junto a los ríos.
Pero el más emblemático es el negrillo, que crece junto
a los pueblo, de cuyas maderas se hicieron durante muchos
años puertas y aperos de labranza.
Hoy
el negrillo está prácticamente extinguido debido a la
grafiosis, una enfermedad de difícil solución. Comienzan
a secarse las ramas más altas, y la muerte se va llevando
al árbol entero.
Según
se avanza hacia el norte la tierra se puebla de encinas,
robles y castaños, y el paisaje se vuelve más abrupto
y montañoso.
El
monte medio y bajo está formado por jaras, helechos, brezos,
carrascos, gamones, codesos, escobones, zarzas, piornos,
tomillos, carqueisas y otra variada especie de matojos
y arbustos que aparecen en barrancos y colinas.
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