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CIERRA EL COLEGIO DE MAHíDE POR FALTA DE NIñOS

La escuela pone fin a 42 años de historia por falta de alumnos en los 9 pueblos que agrupa l Nerea, Iván, Sara y Edurne, los últimos alumnos junto a su maestra, Gabriela Coco

El centenario de Miguel Hernández, semblanzas de Gloria Fuertes, Elvira Lindo, Antonio Machado, la obra de Miguel Delibes, orlas de alumnos y maestras, trabalenguas en el encerado, el rincón de prensa, refranes, juegos, cuentos, los duendes merodeando entre los libros... Las paredes y aulas del colegio de Mahíde describen la fecunda trayectoria, labrada curso a curso, de este centro de referencia en la comarca de Aliste.

Después de 42 años, el Colegio de Educación Infantil y Primaria cierra sus puertas. Sin niños no hay escuela y, tras varios cursos en el límite, Sara, Edurne, Nerea e Iván, de Figueruela de Arriba y Gallegos del Campo, pasarán a la historia como los cuatro últimos alumnos que pisaron sus aulas. Con ellos, su maestra y directora, Gabriela Coco García.

"Ahora que tenemos todos los medios, nos faltan los niños" lamenta la docente mientras aborda la dura tarea del embalaje. Han sido once intensos años desde que esta vocacional maestra de pueblo, Gabi para todos, llegara a Mahíde procedente de Ávila. Aquel curso de 2009-2010, treinta alumnos de 25 familias residentes en Boya, San Pedro de las Herrerías, Pobladura, Las Figueruelas, San Cristóbal de Aliste y Gallegos del Campo aseguraban la continuidad del emblemático Colegio de Mahíde.

Había además aulas en San Vicente de la Cabeza y Palazuelo. Estaban cuatro tutores, la directora y la secretaria, ocho docentes estables, más la orientadora y dos profesores de apoyo (Pedagogía Terapéutica, y Audición y Lenguaje), tres rutas de transporte, y una cocinera y una ayudante para el comedor escolar.

Hace una década todavía era un colegio de referencia, aunque muy lejos de los casi 300 escolares con los que se inauguró en el curso de 1978. Este año de pandemia pone fin a un proyecto educativo ilusionante que durante 42 años ha formado a generaciones de alistanos, que en su mayoría emigraron en busca de oportunidades.

El día 8 de noviembre de 1977 se rubricaba la supresión oficial de las unidades escolares mixtas de Figueruela de Arriba, Figueruela de Abajo, Mahíde, Gallegos del Campo, Boya, Pobladura, San Cristóbal, San Pedro de las Herrerías, El Poyo y Las Torres. Los diez pueblos conformarían el germen del nuevo Colegio Público Comarcal "Santa María Egipciaca", con alrededor de 300 niños y niñas de primero a octavo de Educación General Básica. Eran tantos que había dos o tres clases por curso.

Pero el azote de la despoblación se hizo sentir en las aulas hasta firmar el acta de defunción. La trayectoria del CRA de Mahíde es un barómetro certero del Aliste "vaciado". Muy especialmente durante la última década, cuando se ha agudizado el intermitente goteo de bajas, con años donde por regla general entraba un niño y se iban tres. La última incorporación, la del pequeño Iván en 2016, que este próximo curso pasa a Alcañices, como sus compañeras, las dos mayores al Instituto y los más pequeños al colegio Virgen de la Salud.

Ellos son los últimos, los que han hecho posible el milagro de mantener abierto el mayúsculo edificio de dos plantas con diversas aulas, laboratorio, gimnasio, aula de música, tecnologías, biblioteca o comedor. La magnitud de la construcción da idea de que lo que fue este colegio comarcal en su época de esplendor, transformado en su última etapa en una pequeña escuelita rural hasta el inevitable cierre definitivo este raro curso de 2019-2020, marcado por la pandemia del COVID 19.

"No hemos podido hacer la fiesta de fin de curso como todos los años, pero la celebraremos con los niños y las familias cuando sea posible" confirma la directora. La idea de Gabriela es reunir también a los docentes que le han acompañado en esta última década -interinos, maestras y maestros funcionarios "muy valiosos y con muchísima inquietud"- para hacer "una despedida del colegio en condiciones". Entre ellos las que fueran sus predecesoras en la dirección del centro, Rocío y Patricia, o la incombustible Avelina, profesora de Religión. Por nombrar algunas, "Por aquí ha pasado gente buenísima que ha dejado huella".

Más allá de la amargura que conlleva el cierre de una escuela, el momento invita al balance. La directora destaca la "siempre buena disposición de la Dirección Provincial, que ha luchado hasta el final por mantener abierto el colegio, dando todos los servicios, con profesores de apoyo, comedor y transporte". También el centro grande de referencia, el colegio de Alcañices, con el que se han coordinado para que los cuatro alumnos de Mahíde hayan podido acoplarse y participar en actividades extraescolares. "Siendo tan pocos es necesario colaborar y compartir con otros centros, sino sería inviable y a la vez injusto para estos niños. Ser pocos no quiere decir que pierdan oportunidades" argumenta la directora.

Es la manera de que los escolares de Mahíde hayan podido participar en actividades organizadas por el CRIE (Centro Rural de Innovación Educativa) junto a otros colegios de la zona como Ferreras, San Vitero o San Juan del Rebollar; en juegos escolares, compartiendo autobús con los de Fonfría; jornadas de animación a la lectura; visita a las Médulas y Soria, disfrutar de la nieve junto a los compañeros de Alcañices; las olimpiadas con Sarracín, Muelas del Pan y Almaraz; o a la Semana de la Ciencia con el CRA de Tábara.

Igualmente reseñable es el vínculo del colegio con los vecinos de Mahíde. La falta de niños en el pueblo, desde hace algunos años, se ha suplido con la "alegría" que transmitían los escolares que iban a la escuela llegados de pueblos vecinos. Durante estos años Gabriela Coco ha cultivado una relación de la que se han beneficiado todos, mayores y pequeños. Los últimos encuentros fueron en la fiesta de Navidad, a la que acudieron encantados los vecinos, la celebración del Día del Mundo Rural o el carnaval, con los niños correteando y haciendo ruido por las solitarias calles de Mahíde. Un gesto siempre agradecido con algún detalle para los pequeños en la panadería o en el bar.

Destaca la "buena disposición" del Ayuntamiento con todo lo relacionado con el colegio; a él se debe la valla instalada para evitar la entrada de la fauna. O el apoyo de la Diputación para que los niños pudieran ir a la piscina en Alcañices y el huerto escolar, este año de pandemia perdido e invadido por la maleza.

Fue lo primero que vio la directora del colegio el 25 de mayo, cuando pudo volver a Mahíde tras el confinamiento. "Se me saltaban las lágrimas viendo la hierba, el huerto desaparecido, la soledad". Nunca había imaginado cuánto pueden llegar a llenar cuatro niños, eran la vida y la alegría del colegio, del que no se han podido despedir.

"Lo primero que hice fue coger los libros del tercer trimestre y llevárselos a sus casas" cuenta la maestra ya con el curso acabado. Un final extraño e indeseado que ha impedido, por ejemplo, acudir a la actividad de inglés "Aulas de la Naturaleza", en Burgos, conseguida gracias a la coordinación con otros dos centros. O el ilusionante proyecto impulsado por la Consejería de Educación "Los lugares del libro", jornadas de animación a la lectura en las que un año más iba a participar el CRA de Mahíde. "Me da muchísima pena, tengo una espinita clavada, la pandemia lo ha cancelado todo" lamenta Gabriela Coco.

Llegarán otros cursos y nuevas oportunidades para Sara, Edurne, Nerea e Iván. "No me gustaría perder el contacto con ellos" se sincera su maestra. Gabi quiere continuar en Aliste -donde aterrizó en sus primeros años de docencia, en el Centro de Educación Ambiental de Villardeciervos-, lo más cerca posible de Mahíde y a ser posible en otra escuelita rural. "Se perfectamente lo que es una escuela de ciudad porque estuve dos años en Ávila compartiendo dos centros grandes, el Cervantes y Santo Tomás, con mucho profesorado y bilingüismo. ¿Por qué prefiero el mundo rural?, por el contacto directo con los niños y las familias, y la libertad de poder estar en una clase prácticamente particular. Es el sueño de todo maestro, poder aplicar esa relación directa; al ser muy poquitos alumnos, te permite estar muy encima y tener una dedicación total".

Cierra la escuela, pero Gabriela seguirá siendo una vecina más de Mahíde, donde se instaló hace cinco años, cuando la circunstancias personales se lo permitieron. Y compartió tertulias en las cocinas, paseos vespertinos, hasta quehaceres y no pocas confidencias. "Por aquí ha pasado gente muy buena, con muchas ganas" evoca la maestra mientras cierra las puertas del centro. ¿Qué será de este colegio, un fantasma más en la Zamora despoblada?. "Espero que pase algo bueno. Si llegaran familias y se pudiera reabrir, desde luego que cuenten conmigo".
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