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LA NO VUELTA AL COLE: LOS úLTIMOS NIñOS DEL COLEGIO DE MAHíDE, QUE CIERRA SUS PUERTAS

El colegio, con 300 alumnos en 1979, ya no abre este curso | Sara de Figueruela y Nerea, Edurne e Iván de Gallegos empiezan hoy en Alcañices

Chany Sebastián

Mahíde vive hoy uno de los días más tristes de su historia: tras 41 años de vida y saberes el colegio comarcal Santa María Egipciaca no reabrirá sus puertas como cada mes de septiembre. Es la crónica de una muerte anunciada y fruto, –no por esperado menos traumático–, del éxodo rural. El centro, primero de su estilo que comenzó a germinar en la comarca alistana, se ha quedado sin niños. El de Fonfría aguantará un año más con 9 y el de Alcañices acogerá a 109, entre ellos los llegados del de Mahíde.

La historia comenzó por casualidad en pleno éxodo rural y cierre de escuelas: era el año 1976 cuando en una reunión en la Diputación de Zamora por cuestiones municipales el alcalde de Mahíde Vicente Sanabria y su concejal Tomás Castaño eran informados de la idea del Ministerio de Educación de cerrar escuelas y agruparlas en comarcales. Aquella misma tarde se reunió la corporación y decidido solicitar uno para Mahíde: “Por intentarlo no se perdía nada”.

Un año después el Ministerio de Educación (Madrid), aprobó el nuevo colegio. El 8 de noviembre de 1977 se decretaba el cierre de las escuelas de diez pueblos: Mahide, Figueruela de Arriba, Figueruela de Abajo, Gallegos del Campo, Pobladura, Boya, San Cristóbal, San Pedro, Las Torres y El Poyo, a reagrupar en el colegio comarcal. El Ayuntamiento acordaba por unanimidad cederlos terrenos comunales para su construcción situados en el paraje “El Gestil”, lo cual se hizo con carácter de urgencia y mediante escritura notarial.

Eran los tiempos de la EGB (Educación General Básica) y entonces maestro Pedro Bringas Arroyo, alistano de pura cepa, Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Salamanca, natural de Mahide y toda su vida laboral dedicada la docencia, inspección y gestión educativa en distintos puestos y lugares de toda España fue uno de los grandes artífices del magnífico colegio para el que en sus inicios se eligió el nombre de Santa María Egipciaca, venerada en la parroquia de Mahíde.

El centro tenía magnífica cocina y un amplio comedor. Ello fue la causa de que se abriera extraoficialmente el día 19 de agosto de 1978 para celebrar el banquete de una boda entre una moza de Mahíde, (Aurita Garrido Romero) y un mozo de Villarino Manzanas (Carlos Pérez Domínguez, actual alcalde de Figueruela). Era el único sitio con capacidad para albergar los 242 invitados.

Ese año (principio de curso) todos los niños continuaron cada uno en la escuela de su pueblo. Pasado el otoño, ya avanzado el invierno, mes de febrero de 1979 el colegio abría sus puertas.
Allí se dieron cita alrededor de 300 niños y niñas de 7 a 14 años de 3 municipios y 14 pueblos: Mahíde, Boya, San Pedro de las Herrerías, Pobladura, Las Torres, Figueruela de Arriba, Figueruela de Abajo, Gallegos del Campo, Moldones, Villarino Manzanas, San Vitero, San Cristóbal, El Poyo y Villarino Cebal: “Éramos una multitud de rapaces que no nos conocíamos de nada, pues aunque los pueblos estaban cercanos unos de otros, con aquellas edades y en aquellos tiempos, solo nos relacionábamos entre los del mismo pueblo, no era necesario desplazarte a otra localidad”.

La estampa de aquel primer día de clase fue impresionante para los vecinos de Mahíde y para los niños al ir bajándose de los enormes autobuses de la empresa “Tamame” de Zamora: un Pegaso, un Mercedes y un Volvo cuyos primeros conductores fueron alistanos, Domingo (El Poyo), Andrés (San Cristóbal) y Germán (Mahíde). Había muchos alumnos y tres autobuses de 50 plazas, por lo cual tenían que hacer el recorrido de ida y vuelta dos veces. Ello suponía que la mitad de los niños tenían que madrugar una hora más de lo normal por la mañana y esperar una hora más por las tardes. Esperas a la intemperie duras de llevar si era otoño o invierno.

Los niños de Mahíde tenían la ventaja de poder ir andando a la escuela, evitar los desplazamientos, pero a la vez, así lo reconocen aún hoy: “Sentíamos envidia sana de los rapaces de otros pueblos porque nosotros nunca nos habíamos podido subir a un autocar y poder viajar en él”.

El primer claustro de profesores lo formaron los maestros llegados de las escuelas cerradas, entre ellos, los alumnos recuerdan, con cariño y respeto, siempre con el don y el doña delante: María (Las Torres), Angelita (El Poyo), Martina y Angelina (San Vitero), Antonio y Evelia (Pobladura), Roberto (Figueruela de Arriba), Elisa (San Cristóbal) y Felipa (Gallegos del Campo). En cada curso había 30 alumnos y algunos eran dobles como era el caso de 5º A y 5º B de EGB.

ANDRéS CASTAñO E IVáN RODRíGUEZ ABRIERON Y CERRARON SUS PUERTAS

Una de las grandes novedades para los niños fue que las clases tenían calefacción, con radiadores de agua, que funcionaban con carbón. “Todos veníamos de una escuelas donde solo había estufas de leña, redondas y de hierro forjado, que los propios niños mayores eran los encargados de encender por la mañana y alimentar con jaras y urces”. Las primeras cocineras fueron las señoras Margarita de Figueruela de Arriba y Eloina de San Vitero. “Ambas cocinaban de manera excelente y su comida era como la de casa, con el mismo sabor y hecha con mucho cariño. A los maestros le servían los propios niños más aplicados y más responsables”. Los niños de Mahíde no tenían derecho a la comida gratuita. No obstante había familias como las Castaño Fernández cuyos padres trabajaban todo el día fuera y los padres no podían atenderlos, por lo cual si fueron aceptados, pero pagando: a 75 pesetas por alumno. Al ser cinco hermanos: unas 1.875 pesetas por semana. El edificio constaba y consta de dos plantas, en la de abajo están las clases de primero hasta cuarto y arriba de quinto a octavo.

Los reconocimientos médicos anuales los realizaba el entonces médico de Mahíde Manolo Lama Berrocal, recién llegado de América (Méjico), donde comenzó a practicar la medicina. Hoy día es conocido como gaitero de “Manteos y Monteras”.

Los últimos alumnos del ahora CRA de Mahíde fueron niños llegados de otros pueblos: Sandra Pérez Orellana de Figueruela de Arriba, y Nerea Rodríguez Fernández Edurne Pérez Hidalgo e Iván Rodríguez Fernández de Gallegos del Campo: una familia junto a su maestra Gabriela Coca García llegada en 2009.

La lógica hubiera sido que el cierre se hubiese producido en junio, pero no fue así, pues la crisis sanitaria global adelantó su final, la crónica de una muerte anunciada, a finales del pasado invierno.

Andrés Castaño Fernández, entonces niño de 9 años, de Mahíde, fue uno de los primeros en entrar al colegio en febrero de 1979. Iván Rodríguez Fernández, de Gallegos del Campo, con 8, el último en salir el pasado 14 de marzo. Ayer con sus historias separadas por 41 años, Andrés e Iván, despedían con su recuerdos al colegio que siempre llevarán en su memoria y en su corazón: “ Para nosotros ha sido un orgullo haber formado parte del colegio de Mahíde y hoy es un día triste para nosotros y para los alistanos y alistanas pues sabemos que la escuela que tanto nos enseño mañana ya no abrirá su puertas”.
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