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ALISTE: ACONTECERES BAJO LOS PAñOS PARDOS

Pastores y pastoras ancianas ayudan con sus testimonios a preservar los valores de la capa alistana para las futuras generaciones

La capa parda alistana de honras y respeto ha sido durante muchas generaciones el alma, corazón y vida de nuestra tierra, parte imprescindible de nuestras vivencias y costumbres, de nuestras penas y alegrías, un emblema que deben conocer y preservar nuestros hijos y nietos como un valor material e inmaterial único e irrepetible para la Raya de España y Portugal. Así lo atestiguan su grandes y últimos valedores. Pasa el tiempo y atrás quedaron en el olvido los batanes y los hilandares y los últimos grandes pastores, zagales, tejedoras, hilanderas y artesanas ya han superado la barrera de los ochenta y noventa años años, esa etapa de la vida donde la sabiduría es compañera y sus palabras son auténticas sentencias.

La Asociación para la promoción y el estudio de la capa parda alistana de honras y respeto, presidida por Andrés Castaño Fernández, ha iniciado un arduo trabajo de campo para conocer, recoger y preservar los saberes sobre la histórica prenda y la indumentaria tradicional.

Tomás Castaño Fernández, natural de Alcorcillo, a su 95 años recuerda con añoranza la corta etapa de zagal, desde el 15 de septiembre de 1940, con catorce años, hasta septiembre de 1947 en que tuvo que marchar a servir a África: “Mi padre me regaló una capa de pastor que le mandó hacer al sastre de Tola, Santiago, y mi abuelo de Santa Ana una morrala de cuero, para llevar el pan de centeno, longaniza, jamón y tocino. Fue mi regalo. Fue mi regalo por durar sólo un día en el seminario de Zamora a donde me habían mandado a estudiar para cura”.

La señora Prisca Domínguez Ramos de Mahíde (93 años) es una de las antiguas pastoras vivas en Aliste, un oficio que desarrolló desde los nueve años, pastoreaba y esquilaba las ovejas, cardaba e hilaba la lana, además de hacer medias con lana de oveja negra Castellana.

La pastora Alicia Río Blanco, natural de la localidad de San Vicente de la Cabeza, sentencia con la palabra y la mirada: “No es lo mismo ser ganadero que ser pastor. Ganadero lo puede ser cualquiera, solamente hay que comprar las ovejas y echarle de comer. Pero ser pastor es mucho más que eso, es un oficio tan duro y sacrificado como digno y agradecido. Llega el momento en que sólo mirarle a la cara a la oveja ya sabes el mal que padece o escuchando su balido sabes si el animal tiene frío, hambre o sé que cerca acecha el lobo”.

Rosa Olivera Fernández (98 años) y vecina de Sejas se emociona al recordar uno de los pocos pisones alistanos ubicado allá en “La Ribera” de su pueblo y su labor: “Parecía mentira, un día veías la lana y otro salir del pisón el paño pardo, oro puro en aquellos tiempos, que daban vida a nuestra amada capa alistana”, y recuerda el proceso del lino: “Lo sembrábamos en los fundales y del lino se quedaron con el nombre de linares. Se arrancaba, se transformada, se hilaba y luego elaborábamos telas en los telares y el abatanado en el pisón”.

Según Modesto Martín Fernández, de Tola: “El los años treinta, cuando se mataba un lobo, un ciego acompañado de un sobrino con su capa de pastor visitaba casa por casa a las familias de los pueblos vecinos mostrando la piel del cánido y le daban dinero, huevos o chorizo en agradecimiento”. José María Fuentes de Tola revive el carácter social: “Cuando se moría un ser querido de la familia se portaba la capa alistana como señal de luto. Los familiares varones iban a segar con la capa puesta bajo el abrasador calor de julio y agosto. Yo de los que mas me acuerdo es del Ti Cándido, el Ti Sebastián y del Ti Perico andar ahí en la parte de Apartacaminos cuando se murió la Ti María segando con la capa, con la calor que hacía entones”.

Tomas del Río Villar, sastre de Abejera, nacido el 13 de octubre de 1930, tuvo de maestro a Francisco Ferrero Ferrero de Ferreruela, con el que aprendió a cortar, picar y coser la capa de chiva. Fue emigrante en Alemania y tras regresar elaboró más de cien capas: “En mi caso casi todas para pastores alistanos y tabareses. Y recuerda que “cuando se se esquilaban las ovejas, si no necesitábamos la lana para hacer prendas la dejábamos sin lavar porque con la grasa que tenía no le entraba la polilla. Cuando le llegaba la hora la íbamos a lavar al río y todos los peces que había o morían o quedaba atontado”.

Los rostros de los alistanos y alistanas octogenarios y nonagenarios se convierte en surcos de emotivas lágrimas al hablar de la capa parda alistana de honras y respeto: “La primera vez que un mozo portaba la preciosa prenda era el día de la pedida de mano, se la prestaba su abuelo, y con ella acompañaba a su padre y a su padrino a casa de los futuros suegros. El día de la boda estrenabas la tuya propia y ya te acompañaba toda la vida. Cuando moría un vecino todos los cofrades de la Santa Cruz y los varones más jóvenes portábamos la capa alistana con la cabeza al descubierto en seña de luto. El alcalde pedáneo recibía el bastón de mando con ella puesta”.

En una tierra agroganadera por excelencia tiene su origen la oveja de raza autóctona Castellana negra, que desde la noche de los tiempos fue amoldando su fisonomía y valores a una tierra de fríos inviernos y calurosos veranos donde muchas veces la falta de pastos les ponía difícil sobrevivir. Su lana fue vital como materia prima para elaborar los paños de la capa alistana. En tiempos pasados, cuando la lana era oro puro, el mayor valor de la blanca llegó a situar al borde de la extinción a la negra.

Rafaela Fernández Ramos, de San Vitero, elaboró la capa alistana que se entregó al papa Francisco en Roma: “Para hacer una prenda así utilizas hasta cinco metros cuadrados de paño pardo y uno de paño negro para hacer los picados. A veces utilizo para hacer la réplica una que fue confeccionada en 1879 para la boda del señor Urbano Buey Martín, que era el padrino de mi padre. Para un alistano ponerse sobre los hombros nuestra capa es signo de orgullo, honor y respeto. Es una de nuestras joyas más preciadas”.

Tras esta primera parte de entrevistas personales la segunda parte se centrará en el trabajo archivístico del Archivo Histórico de Zamora y Archivo Diocesano con otros de carácter privado referentes al gremio textil e indumentaria tradicional. El estudio se culminará con la grabación audiovisual de recreaciones vinculadas con los procesos de confección de la capa sede la forma de vida que la rodea (pastoreo, esquila e hilado) hasta la confección especifica de la capa parda alistana de honras y respeto. Estamos ante el último gran reto: recopilar las vivencias de los últimos portadores en su vida diaria de la capa alistana.
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