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LOS EVACUADOS DEL INCENDIO DE LA CULEBRA: “CUANDO Oí LAS SIRENAS ME TEMí LO PEOR”

Cientos de vecinos tuvieron que abandonar precipitadamente sus casa de madrugada ante el voraz avance del que ya es el mayor incendio del siglo en la Sierra de la Culebra

Con cien años a sus espaldas, Andrés Vaquero Lorenzo lleva “muchas, pero que muchas batallas pasadas. Así que, una más. Pero esta no la esperaba yo ya” contaba con encomiable tranquilidad desde el pabellón polideportivo de Alcañices.

Puede que sea el más veterano de los vecinos evacuados la madrugada de ayer de seis pueblos de la comarca de Aliste, entre ellos el suyo de Pobladura.

“Yo estaba durmiendo. Cuando me levanté hacia las cuatro vi que no había luz, encendí una vela, mi hija avisó que estaba todo ardiendo y aquí estamos”.

El trepidante avance del incendio en el corazón de la Reserva de Caza de la Sierra de la Culebra obligó a vaciar los pueblos y sus moradores abandonaron las casas con lo puesto, Resignados, tristes, abatidos. Muchas personas mayores que no podían imaginar verse en este trance. “Nuestra sierra se prende” contaba apenada una mujer San Pedro de las Herrerías.

Entre las cuatro y la cinco de la madrugada campanas y sirenas avisaban del desalojo. Muchas personas estaban en vela, temerosos de que el incendio pudiera acercarse, hay quien dormía y pensaba era un sueño. Como Tere Romero que se encontraba en casa con su padre, Martín, de 94 años. Ambos tomaron rumbo a casa de unos familiares en Zamora.

“Nos avisaron de la evacuación y cuando salimos había un viento caliente, mucho humo, el ambiente era irrespirable” cuenta. Una situación “muy angustiosa”, aunque todo el mundo coincide en destacar el orden y la disposición de la Guardia Civil ofreciendo vehículos para las personas que no tenían. Era espectacular el despliegue de agentes por los pueblos, llamando casa por casa, en algunos casos apoyados por Protección Civil, o controlando las carreteras, muchas cortadas.

“Entre los vecinos hemos ido llenando coches, aquí todo el mundo se ayuda” contaba Felipe Alonso, de Mahíde. “Estuve siguiendo el fuego toda la noche porque veía que con el aire que soplaba se podía preparar. Cuando a las cinco de la mañana nos dicen que nos vayamos aquellos era impresionante, las sirenas sonando y todo un frente de llamas. Lo peor de todo es la incertidumbre, no sabemos lo que está pasando” relataba este vecino desde el pabellón de Alcañices.

Allí una legión de voluntarios dispuestos a aminorar la angustia de los evacuados. “Llegan bastante tranquilos para lo que está pasando. Se me ha caído el alma a los pies cuando los he visto llegar” se sinceraba una mujer de Alcañices.

Personal de Cruz Roja, de Protección Civil, el Ayuntamiento de Alcañices con el alcalde, la Guardia Civil. Todo un ejército de manos, a las que se sumaron equipos de psicólogos activados por el 112. Hablaban con las personas atendiendo sus necesidades. La precipitada salida de las casas no hizo pensar ni en medicamentos, ni en pañales ni desde luego en ropa o comida. Se encargaron de organizar y facilitar la medicación, mientras médicos y enfermeras atendieron a las personas más vulnerables.

“Hay mucha población mayor, algunos están un poco en shock, desorientados” contaba la psicóloga Mª José Díez. Todos los profesionales se volcaron para hacer lo más llevadera posible la espera y la incertidumbre de quien ha dejado todo huyendo ante la emergencia provocada por el que ya es el mayor incendio en la Sierra de la Culebra del siglo XXI y uno de los mayores de la historia.

“Todavía me están temblando las piernas” se sinceraba una señora de Las Torres de Aliste después de la traumática experiencia de abandonar la casa en medio del furor de las sirenas “Llegó la Guardia Civil diciendo que había que salir de casa y nos hemos venido con un vecino” contaban Florentina Ballesteros y María Pérez, de Las Torres. “Hemos pasado mucho miedo, no funcionaban los teléfonos y se fue la luz. No podíamos hablar con la familias, gracias a que una señora ha mandado una foto a mi hija porque se quería venir desde Madrid”,

Los vecinos de Cabañas de Aliste fueron acogidos en el pabellón de Sarracín, donde el Ayuntamiento de Riofrío dispuso todo para acoger a 45 personas. “Ahora lo importante son las personas e intentar salvar los pueblos, pero cuando todo esto pase y veamos la desolación no se qué va a ser de nosotros” se lamentaba un vecino.

En Cabañas el fuego se llevó por delante a un rebaño ovejas en una explotación ganadera. En torno a 25 animales no pudieron escapar de las llamas. Pero conocer el verdadero balance del desastre habrá que esperar días.

Tal era la fiereza de las llamas que a los evacuados de madrugada se sumaron después Villardeciervos, Ferreras de Arriba, Boya o Cional, ya por la tarde. La densa nube de humo se iba extendiendo por el corazón de la Sierra.

De madrugada, cuando se realizaron la primeras evacuaciones, algunas personas fueron derivadas a Villardeciervos y horas después sufrían un nuevo desplazamiento hasta Camarzana de Tera. Porque hacia el mediodía de ayer la lengua de fuego avanzaba hacia San Pedro de las Herrerías y la villa cervata.

Se tomó entonces la decisión de desalojar el municipio más emblemático de la Sierra de la Culebra, inmerso en las fiestas. Todo se fue al traste. Este año, que el Ayuntamiento y los vecinos habían preparado con ilusión el programa, después de dos años en blanco por la pandemia, todo se iba de nuevo por la borda. La noche del jueves hubo baile aunque los vecinos ya miraban de reojo hacia la sierra “porque se veía un resplandor horroroso” contaban en el pabellón de Camarzana de Tera, a donde fueron trasladados. “Te picaba la garganta, el humo casi no dejaba respirar. Qué habrá sido de nuestra ermita de la Encarnación” se lamentaban Pilar y Tere Blanco, dos hermanas evacuadas junto a sus familias.

“Todo se ha ido a pique. Los animales, el monte, pinares, es un desastre” lamentaban mientras los voluntarios disponían la comida en Camarzana. Con ellas, Emilia Cabanas, que a sus 90 años vivía con resignación esta experiencia. “Cuando era joven recuerdo que hubo un fuego muy gordo, pero no tanto para salirnos de casa”.

Los evacuados de los once pueblos de Aliste y La Carballeda solo pudieron volver un momento a sus casas para recoger medicinas o echar de comer al ganado. La previsión, al cierre de esta edición, no pasaba por abrir de nuevo los pueblos. Muchas personas se fueron acomodando con familiares o amigos. La solidaridad se extendió y fueron muchos particulares, hosteleros o casas rurales que ofrecieron sus establecimientos para el alojamiento de las personas.

“Hemos visto muchos fuegos. En una ocasión los de Mahíde acogimos a los de Flechas pero ahora han tenido que acogernos aquí como si fuéramos los refugiados de una guerra” lamentaba con las lágrimas en los ojos un hombre.
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18 de Junio
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